jueves, enero 20

La desesperación de morir? No, de matar.

Ella está vestida de azul, arregla su cabello hacia la derecha, cuidando cada pelito fuera de su lugar; rocía perfume sobre el cuello. Siente que los minutos no pasan. Sabe que capturará miradas por que ese azul combina perfecto con sus ojos, por que esa es su costumbre; Alisa la arruga del pliegue de su vestido . Camina con seguridad, al fin sale a la calle. A ella le gusta. Piensa en el amante que la dejo, ¡Estúpido! No entiende su ausencia pero tampoco quiere entenderla. Entonces un joven se acerca, atractivo, de unos veintitantos, cabello rubio, despeinado; palabras más, palabras menos, terminará en su cama, como siempre. Ya sabe la rutina: una copa de vino, coquetería combinada con indiferencia. Llega el momento. Se van. La cabeza le duele, pero aparenta. Sabe que al final todo seguirá igual, igual de vacío, ¡sin razón más! Así que de nuevo una vez más ahí, él aparenta ternura, a ella eso ya no la sorprende. Besos, caricias, sexo. Nada nuevo, otra vez sus grandes expectativas se desvanecen. Sabía que pasaría, pero aún así no vacilo. Arregla su cabello, se levanta, camina al baño, saca el lapiz labial de su bolso y escribe en el espejo del baño, lo mismo que con todos los otros ilusos que se metieron con ella; Sale del baño, sonrie suavemente, saca el arma de fuego... ¡Huye otra vez!

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