jueves, julio 14

Vamos a dormir...

Hay un momento en el que la inspiración fluye más intensamente, fluye para escribir.
El momento no tiene hora pero suele convertirse en sentimiento; sentimiento reprimido porque no se puede compartir. Nadie lo ve, o tal vez sí, pero a nadie le importa.
No quiero un amor universal, en un momento de sentimentalismos baratos, algo que valga la pena y que me haga brillar.
Todos quieren eso, pero se concentran en lastimar. Pero entonces negarse sí es una solución, no aceptar las casualidades y no mirar más allá. Nadie quiere amar.
Hace tiempo leía sobre las posibilidades, posible esperanza perdida, y soledad. Mi suerte (sí es que es la que fluye) como mil rayos de lluvia, fuerte y profunda; ensordecedora, constante, incompleta... por fuera y dentro, destellante y fugaz. Ir de aquí y allá.
 Premiarte por la soledad, ¡no!... premiarte por soportarla, aparentando y caminar, tan lejos y descubrir cosas que te guardas sólo para ti, guardarlas sólo para tus ojos tan expresivos.

Quiero empezar a desconfiar, empezar a olvidar y que los demás también lo hagan, todos esos sentimientos hacia mi. Quiero conectar mis neuronas y escribir todo lo que tenga que salir.

Nadie habla, te lo juro...

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