sábado, febrero 11

CuentosCortos II.





Lo último que vislumbro fue la flor roja y exótica que ella le había regalado, abrió el cajón con los ojos borrosos llenos de lagrimas, saco la pistola lentamente y con un suspiro inconcluso en el alma apuntó hacia su cabeza. Quiso dejar de pensar en los motivos que la habían llevado a aquello, de todos los clichés tratando de salvarlo, de las horas de angustia, de su insistencia por salvar eso y morir tranquila, pero recordó que en sus últimos suspiros quería dejar de ser armoniosamente, con música. Volvió a colocar el arma dentro del cajón y camino donde la consola de música que su bisabuela le había heredado además de las instrucciones para poder disfrutar de sus sinfonías: tres golpecitos en la esquina superior derecha, encender y apagar y luego volver a encender. 
Era un contrabajo lo que sonaba de fondo, se mezclaba con otro instrumento que Dihla no pudo descubrir, de repente sonó una voz masculina ¿cantaba en francés? se acerco un poco a las bocinas. Nunca había escuchado ese tipo de canción antes pero le resultaba brillante la voz de aquel hombre. Pudo imaginarlo frente al micrófono, seduciendo a su público con la pura voz, una voz exquisita y sugerente. Sintió vergüenza al pensar esas cosas así que regresó a la cama donde el buro la esperaba con el cajón abierto y la pistola en primer plano como una provocativa confesión. Se le retorció de nuevo el corazón y sintió ganas de soltar lagrimas como cuando niña pero justo en ese momento sonó el timbre. Maldijo para sí misma el no haberse apresurado, se le ocurrió tomar el arma rápidamente y terminar con "eso" de una vez por todas pero los golpes en la puerta fueron más insistentes. Seco las lagrimas de su rostro y fue a abrir de mala gana. Era ella, con otra flor en la mano, parecida a la de un florero en el cuarto. Entonces Díhla lo entendió, era la sincronía del tiempo resumido en ese momento. "-Regresé"-dijo ella  mirando fijamente los ojos de Díhla. No había dos días que reclamar.
Habían nacido una para la otra y justo en ese momento lo entendieron, eran una sola.
 Igual que hace una vida antes.





-Fin.-

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