miércoles, marzo 21

CuentosCortos III

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Part II

Yo no soy parte de está historia, tampoco soy dueño de un guión o de un momento; sólo mi culpa fue el hecho de que mis ojos estuvieran presentes cuando nadie más se dio cuenta que yo la miraba. Hablo de ella, a la que todos ven como una mujer fuerte, rebelde, sin pisca de un sentimiento barato. A pesar de que el destino o no sé qué me posaron justo en ese momento de su vida, fui yo quien decidió permanecer ahí, atento como un psicópata que busca la muerte y la sangre derramada de sus victimas para sentirse feliz, completo; yo sólo quería observarla, entender su vida y sentirme parte de ella, tener una razón para vivir. La conocí en el peor momento de mi vida, el peor día, el peor momento y la culpo, la culpo de todo porque de no ver sido por ella, me hubiera pegado un tiro en la sien como lo había sugerido mi padre cuando yo tenía diecisiete y recién había salido de la cárcel por vandalismo, sino hubiera sido por ese momento en que sus ojos grandes y sus largas pestañas se cruzaron con mi mirada cabisbaja yo hubiera muerto esa noche en aquella estación de metro y ella, ahora no estaría apunto de morir. Lo primero que quiero confesar es que no es tan fuerte como la ven, tiene miedo; un miedo constante y eterno que no olvida amenos que se embriague con dos copas de alcohol. Bajo el alcohol las últimas tres veces que se ha embriagado calló en brazos de tres amantes diferentes y, lo reconozco, sentí un ligero sentimiento de celos. A pesar de eso reprimí mi fatiga y me sometí sin titubeos a esas imagenes; lo comprendí desde el principio, no podía alterarme ni bien, ni mal por las cosas que ella hiciera, finalmente era un completo desconocido para ella; aunque yo conociera absolutamente todo de ella, aunque me robará el alma y yo destrozará la suya sigiloso, ella desconocia todo de mi. No fui parte de esa historia pero supe que su padre la abandono cuando era adolecente, también aprendí a interpretar sus estados de ánimo, conocí sus lugares favoritos para fumarse un cigarrillo, las personas que frecuentaba, la ropa que le gustaba combinar, su belleza natural. Un día por poco enloquezco al tomar mi maletín, levantar la vista y no verla. Era un tumulto de gente y la angustia no se hizo esperar, quise gritar su nombre y no me importo que todos me vieran, que ella me descubriera en esa persecusión. Respiré un poco, guarde la diminuta calma que me quedaba y por un momento trate de persuadir mi conociemiento por ella y adivinar hacia donde pudo haberse dirigido; esa fue la primera de miles de millones de veces que abusé de ese "don". Me convertí en su pensamiento y pude escabullirme en sus sueños. Todo hasta que al fin en un martes, cuando estaba muy seguro que buscaría asesorias de Matemáticas en su antigüa escuela, me atreví a hablarle...

1 comentario:

  1. Me gusta lo que leooo!!! de veras me gustaa!!! :) Un Abrazote querida Marthe!!!

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