martes, diciembre 11

Bárbara.

Estoy viendo como te acercas a mi, Bárbara, con tú sonrisa pura y tierna, tus mejillas como manzanas y tus ricitos de oro. Me dices: ¡Mitita, mitita! Has crecido mucho y puedo asegurar que he inyectado en ti todo mi amor y dedicación desde el vientre de tú madre, mi hermana: fortaleza y vitalidad.

Pero mi madre me apremia para que vaya a un mandado y mi hermana (tú madre) me exige, con leve dulzura, la respuesta del porque no conteste a su mensaje extraño y amoroso de la tarde. Mi madre me ha tomado del brazo mientras cruzamos la calle y no sé si deba a que ya es mayor o sólo quería tomarme para juntas hacer valla y que ningún despiadado nos cruce por en medio.

 Tienes dos años, casi tres y sé que eres fuerte porque me lo demostraste cuando ayudaba a tu madre a mudarse de su vieja y nada prometedora vida; tú en su vientre, sólo escuchando y sintiendo el esfuerzo. Sé que tienes luz porque Laura me lo dijo una vez; esa loca clarividente que tiene un gran espíritu, con temple sereno, y sus consejos casi como de abuela, dijo que tenías luz pura, de esa que hace menos espesos los pesares de una casa llena de gente distinta, familias e historias. Barbará te llamaron porque ante todo, tú madre quiso que fueras animosa, firme y valiente siempre. Tú nombre, profecía en tu carácter y cuerpecito que me alegra por las mañanas. Creces cada día y a veces un ligero temor me cruza la mente. Quizá cuando tengas quince y yo treinta y uno, te parezca vieja, solitaria y anticuada (según sea  lo que vaya a ser de mi, en un futuro. Digo, quizá ya este en las mieles del éxito como directora de mi propia revista. Quién sabe.) Los miedos son infundados porque eres inteligente. Inteligente y educada. Esperé tú nacimiento con entusiasmo desmedido. Pensé que nacerías en Navidad o año nuevo pero más bien decidiste traernos alegría un 29 de Diciembre de aquél año.

Cuando llegué al lugar indicado por mi madre y esperé a que él encargado me atendiera, recordé que en tiempos antiguos,  me dejé de hablar con Carla y recordé como la gran curiosidad de mi madre la llevó a preguntarme sutilmente el porque del fin de esa amistad con ella; lo cual me pareció extraño porque casi puedo jurar que mi madre no le guarda mucha simpatía. Mi respuesta fue: la vida.

La vida, Bárbara, que se debe vivir como el corazón dicta. Y aunque me contradiga quiero que cuando crezcas más, nunca confíes en la política, te dediques meramente a lo que sea que te apasione, que las respuestas están en el tiempo y no te olvides nunca de tu espíritu vivo.

Bárbara, me has inspirado a este texto extenso que no había podido lograr con ninguna otra melodía. Haré que aprendas a leer lo más pronto posible, a leerme y hacerte llegar mis historias, que ahora son tuyas también.


"Mi vida se hace al contarla y mi memoria se fija con la escritura; lo que no pongo en palabras sobre papel, lo borra el tiempo." - Paula - Isabel Allende.


6 comentarios:

  1. Un texto lleno de amor, conmovedor mi querda morrison.

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  2. Eres una prsona interesante. Ven y platica, Martha, tengo muchas cosas por contarte

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  3. Es algo lleno de un profundo amor, ese lazo de ternura tan bello que te inspiró es grandioso, saludos Martha (: me gustó.

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