jueves, mayo 21

Se vale crecer.

Hola!

Después de tanto ir y venir se siente raro querer escribir unas lineas por aquí. Me acuerdo de mi boom con blogspot  y creo que fue lo más bonito que me pasó en la adolescencia; quiero decir que tantas palabras combinadas o revueltas me ayudaron a sanar más rápido.

Cuando pasas por una situación difícil lo mejor que puedes hacer es identificar el problema. Toda mi adolescencia fue un problema y yo lo hice escribiendo.

En el boom de blogspot escribí tantas y tantas cosas y el famoso cliché: ahora que las leo me doy cuenta cuanto he crecido. Y es obvio, y es reconfortante ver como ahora puedo enfrentar tales situaciones.

Que tontería, a veces me da miedo perder todos estos rollos mentales, ¿tendré que dejar de preocuparme por mi? ¿por qué lo haré entonces?

Pero enserio, después de tanto me gusta como soy. ¿Cómo se le llama a está etapa? Porque yo siempre le ando poniendo cualquier nombre, no respeto, que caray.

Hace poco me detecté una bolita en el seno, no tiene nada que ver, realmente, pero quería contarles. Creí que era un granillo cualquiera pero no desaparecía. Resulta que es una bolita benigna que les sale a la mayoría de las mujeres y que no hay mayor probabilidad de desarrollar cáncer ni nada. Sobre todo porque soy joven, no tengo hijos y no tomo pastillas hormonales.

Soy joven.

Fuguet también nos denomina como "adultos contemporáneos", que bonito suena. Por favor, rebobinar.

Estoy haciendo algo por mi, desde que tengo memoria. Pero ahora que veo los resultados es cuando me atrevo a regresar y aunque no sé si vaya a ser permanente gracias si alguien leyó y llegó hasta acá.

Saludos terricolas.


"Hoy por la tarde Bernardo y yo fuimos al museo de la Ciudad. La exposición que se presenta es sobre el exilio español que ocurrió en el año de 1939, debido a la guerra civil que acontecía por el régimen del general Franco. Habían muchísimos documentos que explicaban el hecho histórico, donde el presidente Lázaro Cárdenas se solidarizo con poco más de 20,000 españoles para que pudieran refugiarse en México. Casi todos los niños que embarcaron en México fueron destinados a albergues en Morelia. Mi abuelo paterno fue uno de ellos, estaba cerca de cumplir los 18 cuando llegó de España. El albergue dónde se encontraba estaba lleno de escuincles moquientos que paralizaban sus nervios así que decidió escapar hasta la Ciudad de México dónde formo su vida de nuevo, con la sangre fría decidido a no volver a su natal ciudad.Y no es que fuera ingrato, o histérico, Domingo tenía ante todo la necesidad de olvidarse de su primer amor; no hay muchos documentos o cartas que hablen de ella así que no voy a reparar. Acá conoció a Lucila y fueron felices hasta que ella murió cuando mi padre era adolescente y Domingo tuvo que lidiar con esa rebeldía caprichosa y reprobada por tal hecho.

Hubo una sala en especial que llamó mi atención, habían cientos de fotografías, pasaportes y cartas de los exiliados llegados a México, junto formaban un muro que llenaba toda la pared, de piso a techo. Mujeres, niños y hombres serios y sonrientes; acongojados por el sol o distraídos; con pantaloncillos cortos y vestidos con olanes. Busqué en toda la pared la cara de mi abuelo pero era imposible, miles de pares de ojos me miraban y yo no podía mirar todos. Todos acusándome por ser mentirosa y traicionera.  Una tristeza quieta inundo mi corazón oprimiéndolo, yo no conocía a los dueños de esos ojos, no conocía los ojos de mi abuelo Domingo que había muerto cinco años antes de mi nacimiento y eso fue lo que más me desilusiono. Me sentí vacía como cuando nadie pregunta por ti o te piensa. Vacía, sola, triste, como si todos esos ojos no me conocían. Pero lo hacían. Me eche a llorar y Bernardo me estrecho en sus brazos como nunca." - M.

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